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Democracia, transparencia y ciencia abierta (punto de partida)

11 Nov

Ya lo decía Churchill, que “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos”. Sus palabras exactas fueron otras, pero el fondo es el mismo.

Otra de las cosas que se dicen —aunque desconozco si éstas tienen autor acuñado— son que sin ciencia no hay futuro, que la ciencia nos hace más libres y, sobre todo, que la ciencia es necesaria para la democracia. Aunque todas ellas sean en gran parte ciertas, corren el riesgo de quedarse en lemas vacíos, hoquedades repetidas con entusiasmo creciente. Esta es una pequeña historia de cómo la ciencia y el pensamiento desde ella pueden ser un arma o escudo de doble filo, de cómo su correcto uso puede ayudar a revisar y mejorar aquello que ya tenemos.

El sistema de publicación en la ciencia es el de revisión por pares, o peer review. Consiste en que un grupo de investigación envía un artículo a una revista y ésta selecciona dos o tres expertos en ese campo para que valoren la información recibida, consideren si el trabajo es relevante, si está bien hecho y es fiable, propongan mejoras: para que acepten o rechacen su publicación. Como la democracia, el sistema no es perfecto, tiene un sinfín de debilidades, pero es el menos malo de los que se conocen.

Una de esas teóricas debilidades viene de la que podría ser una de sus fortalezas. La mayor parte de las revistas se mantienen gracias a suscripciones, por lo que sólo pueden leer su contenido aquellos que pagan las cuotas. Pero en los últimos años ha crecido con fuerza el movimiento llamado open access, o de acceso abierto. En este modelo son los investigadores quienes pagan por publicar un artículo, y a cambio éste puede leerse de forma gratuita y universal. Lo que a todas luces parece una ventaja —la universalidad de la información, la horizontalidad del contenido— tiene también sus sombras: las revistas pueden estar ávidas de publicar sólo por el hecho de cobrar, independientemente de la calidad de lo publicado. Y aquí comienza la historia.

John Bohannon quiso comprobar la calidad de las revistas de acceso abierto. Para ello se inventó —literalmente— un artículo científico. Le dio muchas vueltas para que tuviera consistencia, cierta relevancia. Pero introdujo errores imperdonables dentro del mundo científico, errores que deberían hacer a las revistas declinar su publicación. Básicamente “noveló” cómo una sustancia extraída de un liquen tenía propiedades anticancerígenas. Pero se inventó los nombres de los autores, puso errores en las comparaciones, no incluyó protocolos éticos y, en fin, repartió numerosas incoherencias a lo largo de todo el texto. Lo envió a 304 publicaciones de acceso abierto. Le contestaron 255. Nadie debería haberlo publicado, pero ¡lo aceptaron 157! Con esos datos preparó la información, incluyendo mapas con la ubicación de las revistas y sus cuentas bancarias, así como los correos intercambiados. Y todo esto ha sido publicado en Science, una de las “revistas de las revistas”. El fin de la ciencia abierta, la universalidad, la horizontalización.

¿O quizás no?

El artículo en Science carece de algunos de los requisitos que las otras revistas deberían haber pedido a Bohannon. La información es útil, no cabe duda, y en cierto modo escandalosa. El sistema dista de la perfección, pero si aplicamos un pensamiento más o menos científico: 1) Gran parte de esas revistas son irrelevantes en la escena científica. Algunas que no lo son, como Plos One, rechazaron tajantemente el artículo. 2) Al parecer la selección se hizo entre un grupo en el que había más posibilidades de encontrar irregularidades, y sobre todo 3) ¡No había grupo control! Es decir, no sabemos si también habría habido fraude en las revistas de pago ni si éste habría sido menor. (Y curiosamente se publicó en una revista de este tipo, claramente opuesta al sistema abierto).

Volviendo a la democracia. Una de las propuestas para mejorarla es aumentar la transparencia. Como con la ciencia, buscar una democracia más abierta. Los que se oponen esgrimen peligros potenciales. Bohannon seguro que destaparía algunos. Pero, simplificando, un pensamiento más o menos científico nos llevaría a pensar que lo de Bohannon equivale a que el presidente del gobierno denuncie irregularidades en las cuentas de los demás partidos sin exponer las suyas. Y a desterrar de un plumazo a la oposición.

Es decir. El menos malo, pero mejorable y revisable. No perdamos de vista a la ciencia para revisarlo.

*

Artículo publicado en la web de Dixit Ciencia, en 20000caligrafias y en el diario digital 50×7.com

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¿Acceso abierto en la UE?

22 Jul

La ciencia hacker acaba de saber, gracias a un post de Synaptica, que, por lo que parece, la Union Europea va a seguir los pasos de el NIH, de las universidades americanas y de el NHS de el Reino Unido para hacer que la investigación financiada con fondos públicos pase a ser de acceso libre. Al menos así reza este comunicado de prensa… Además justo hoy se publica un artículo interesante al respecto en The Economist. Osea, parece que algo se mueve.

Ya veremos a ver cuánto tardan en llegar los lobbies del copyright a Bruselas, dónde encuentran siempre recogimiento y comprensión, pero si se lleva a cabo una decidida politica de Open Access para toda la UE volveré a creer en la política que no esté al servicio más que de sus ciudadanos.

El prestigio de los científicos

14 Abr

Es probable que, en ocasiones, salgamos de lo estrictamente científico o de lo estrictamente hacker para aportar ideas no del todo maduradas acerca del proceso de hackerización de la ciencia. Hoy, me temo, será uno de esos días. Espero sepan disculparme y que puedan aguantar hasta el final del post para ver si al final ha tenido sentido el descarrile. Tambien me disculparé porque los ejemplos sean muy “biomédicos”, pero ese es mi contexto.

Para empezar voy a poner una frase de @jlori que he leido hoy, en un artículo de El Mundo,  al respecto de gente cualquiera que se ha hecho famosa en twitter:

“La popularidad de una cuenta en Twitter”, agrega, “en el caso de autores que no tenían una marca o reputación previa, está directamente relacionada con el valor que aporta a sus comunidades de referencia. Ese valor puede originarse en la calidad de la información, la agudeza de las opiniones, el dominio de la ironía o del humor, la capacidad de provocación o la originalidad de los contenidos“.

Y vamos a resumir esto de otra forma: si tienes la posibilidad de ser evaluado por cualquier “consumidor” porque las herramientas te lo permiten, tu reputación dependerá de la capacidad que tengas para aportar valor añadido a la red que te ha permitido difundir tu “producto”. Que cada quien cambie consumidor y producto como quiera. Esto, que ahora es una perogrullada, no lo es tanto en cuanto a qué tenemos que hacer para ser reputados, prestigiosos. Siguiendo con el ejemplo del humor, la capacidad de ser prestigioso de Martes y Trece dependía, en parte, de su capacidad pero mucho tambien de como estuvieran posicionados respecto a los gestores de contenidos de TVE. Dependía de las rentas. Cuanto mas distribuida es una red, cuanto menos filtros predeterminados tiene, mayores son las probabilidades de que la reputación en dicha red dependa sólo de lo que se aporta a la red exclusivamente, ya que la posición previa, si os fijáis en el gráfico, es igual para todos. O , al menos, tiende a ser lo mas igualitaria posible:

Y esto vale para el cine, para los medios de comunicación, para la economia… y para la ciencia.

En la ciencia, otra perogrullada, el prestigio es fundamental. No porque eso lleve a ganar más dinero, o no de forma sustancial, sino porque casi exclusivamente de ello depende tu “factor de impacto” y, por tanto, la financiación de tus nuevos proyectos. Por tanto, cogiendo la frase de @jlori por los cuernos, el prestigio de un investigador cualquiera en la ciencia depende de:

1. Que exista una herramienta, sin más filtros que los legales, que le permita llegar a todos aquellos rincones en los que su “producto” puede ser interesante.

2. Que produzca contenidos considerados relevantes por su comunidad (sea la comunidad de gente interesada en mecánica cuántica o en la célula B).

Y yo añadiré una terecera cosa que, en el ejemplo del humor en twitter no importa, pero en la ciencia si:

3. Que la relevancia de los contenidos sea mesurable de una forma objetiva y que todo el proceso sea verificable y contextualizable.

Ahora desarrollaremos un poco los 3 puntos, pero antes lean cuáles son las profesiones mas valoradas en España. Con las particularidades de cada cultura, coinciden bastante bien con las de otros paises más reputados. Y con las de paises no tan reputados. Es indudable que influye la percepción que se tenga de lo que la profesión aporta a la sociedad. Es indudable que enfermeras o médicos salen en los primeros puestos por el tipo de labor y en el contexto que la desempeñan. Pero ¿por qué los científicos y no los periodistas? Ambos buscan la verdad para mejorar la sociedad. Yo diría que la búsqueda de la verdad de los periodistas es, incluso más relevante para la sociedad que la de los científicos. Sin embargo, no salen muy bien parados…¿Acaso no hay vanidad, lucha por poder, peleas, intereses, etc en la ciencia también?.Piensen el por qué, yo me inclino por algo que tiene que ver con el tercer punto.

Siguiendo con la ciencia, que es lo que nos ocupa, hemos de reconocer que los 3 supuestos que hemos planteado como necesarios para adquirir reputación en el mundo científico y para que esa reputación se corresponda con el valor de la aportación a la red se cumplen bastante bien. Pero hay camino de mejora:

1. La primera condición para lograr que un investigador se convierta en prestigioso es que exista la posibilidad de que todo el mundo pueda acceder en igualdad de condiciones a herramientas que permitan la divulgación de sus resultados. Eso en la ciencia se conseguía mediante las revistas científicas. Las revistas científicas tienen una doble función aseguran la divulgación y determinan la reputación de lo publicado. Antes de internet la reputación de un científico (salvo las grandes figuras) solía estar restringida a su propio campo. A aquellos que, por su propia formación y por estar suscritos a las mismas revistas o sociedades científicas, hacían de interlocutores científicos del investigador en cuestion. Luego llegó internet y la generalización del uso de PubMed y, aunque todavía no podemos acceder a todo de todos, por lo menos podemos acceder a los abstracts de todo y a una gran parte de los contenidos completos. En la ciencia que viene, en la ciencia hacker, podremos acceder a todo gratis. No me cabe la menor duda. Osea que, al primera condición, si bien no se cumple del todo, se cumple en gran parte y experiencias como arXiv, Mendeley o PLoS nos sugieren que pronto podremos acceder a todo. Sin restricciones. No hace falta recordar que la herramienta que posibilita eso es internet. No cualquier internet. Una internet libre y neutral. Este punto lo explica mejor Peter Binfield, editor de PLoS:

2. La relevancia de los contenidos se puede medir de muchas formas. La más común es el factor de impacto de la revista en la que se publica. Digamos que ha servido bastante bien para detectar buenas publicaciones y para generar reputación allí donde era merecida pero es un sistema francamente mejorable. Tiene dos problemas fundamentales: que se acepte tu artículo en una revista depende del valor del artículo, en buena medida, pero, a veces, tambien de lo amigo que seas del revisor que te toca, de una llamadita por aquí al editor, del país del que proceda un hallazgo (digamos que, a priori, es mas creible un paper de EEUU que uno de la India)… Es decir, tiene un punto de subjetividad. Lo cual es desastroso para generar una red estrictamente meritocrática. El segundo punto controvertido es que, aunque en una revista buena, generalmente, hay buenos artículos, a veces, conseguir impacto es más importante que la propia veracidad del artículo. A veces, que algo sea controvertido es beneficioso en si mismo, aunque no sea del todo veraz o el proceso tenga lagunas. Desde la vida basada en el arsénico hasta las vacunas y el autismo. Como decían en un editorial del Annals of Neurology: “extraordinary claims need extraordinary evidence”. Y a veces la “extraordinary evidence” se sacrifica en pro del impacto. O, a veces, la amistad con el editor, permite colar articulos malos en revistas muy buenas. Y, por tanto, un investigador con un artículo muy malo puede beneficiarse enormemente en las convocatorias de becas por estar en una revista buena mientras que en un sistema en el que se premie exclusivamente el valor del hallazgo y no el de la revista en que está publicado, nunca saldría beneficiado. Quien tiene que dar relevancia al hallazgo es la comunidad (me refiero a la comunidad real en la que ese hallazgo puede ser relevante). Y esa relevancia no (sólo) debe establecerse a priori (peer-review pre-publicacion) sino tambien a posteriori (peer-review post-publicacion, citaciones, comentarios en blogs, descargas…). Y esto último es importante, ya que un hallazgo puede parecer muy relevante pero, a veces, sólo tu “peer” más cercano en la red, sólo el que se dedica a algo muy parecido a lo tuyo, tiene la capacidad intelectual y material de rebatirte con experimentos o argumentos. Por eso ha de poder comentar a posteriori sin la intercesión de ningún editor que le seleccione a priori. Y esto enlaza con el tercer punto.

3. Algo fundamental para que un hallazgo sea relevante es lo fiable que sea el hallazgo. En una red distribuida cualquiera la relevancia en la propia red de un individuo depende de su reputación y su reputación depende del valor que añada lo conseguido a su comunidad (cientifica o no) y, muy importante, de lo verificable que sea ese logro y del contexto en que se consigue. En el caso de un programador de software libre (paradigma de hacker) su verificación depende de que la línea de código que cree funcione o no y de la utilidad de esa línea de código. Eso le dará reputación. En el caso de un científico: su “impacto” depende de la relevancia de las conclusiones a las que llegue en sus estudios, conclusiones que deben atenerse estrictamente a sus resultados y éstos a los métodos con los que se han obtenido. Eso le dará la reputación. Y algo mas. Depende tambien de que sus conflictos de intereses estén meridianamente claros. Las conclusiones de un estudio sobre un fármaco pueden tener mucho impacto por ser científicamente muy relevantes y metodológicamente intachables aunque el científico esté patrocinado por la compañia que produce el fármaco. Pero las conclusiones de un estudio sobre un fármaco pueden no ser tan relevantes en la red si son científicamente muy relevantes pero metodológicamente discutibles y el científico está patrocinado por la compañia en cuestión. Si eso no se aporta se está ocultando una parte muy importante de la verdad, la verdad del contexto.

Si esos conflictos suceden en la ciencia y se ha considerado necesario su clarificación estricta por cada científico para el conocimiento de la verdad, a pesar de trabajar en un campo en el que la trazabilidad y verificación de los resultados es una rutina,  qué no debería de suceder en el periodismo… Y vuelvo a lo de las profesiones mas valoradas: periodismo y ciencia buscan la verdad en ambitos relevantes para la gente. El periodismo investiga verdades incluso más relevantes. Pero la diferencia entre ambas que hace que una sea reputada (y aporte, a criterio de los ciudadanos, valor añadido a la red) y la otra no, no es el acceso a herramientas que permitan la difusión libre, ni la relevancia de los hallazgos. La diferencia es la trazabilidad, veracidad y la revelación de los conflictos de intereses. Y esto se lo pueden aplicar los economistas, los historiadores, los sociólogos, los políticos y todos aquellos que aspiren a hacer “ciencia”. No vale sólo con poner la palabra en el nombre.

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La primavera cientifica

10 Abr

Uno de los aspectos fundamentales en la transición hacia la ciencia hacker es la apertura completa de los trabajos de investigación. En estos momentos en que publicar y alcanzar una distribución global es tan fácil como escribir en este blog, las editoriales científicas han perdido el sentido. No queda mucho para que veamos que toda la ciencia que se publique sea abierta, pues las partes implicadas generadoras de la información salen ganando: las instituciones (financiadoras) se ahorrarian un buen pico y los científicos (ejecutores) podrían acceder a todo lo que quisieran. Hablaremos largo y tendido al respecto, pero de momento, un bocado de la mano de este buen reportaje en The Guardian y el editorial que lo acompaña.

Y aprovechando el mensaje, una llamada a la presión a nuestros propios gobiernos. Si el NIH, la Wellcome Trust o el Max Planck ya exigen la publicación en abierto de los estudios financiados con su dinero, con mas razón el FIS, que somos más pobres que ellos.

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